Es Noticia — 13 febrero 2013

“DÍA DE LA TREGUA UNILATERAL POR LA NIÑEZ”

Un solo niño atrapado en un grupo armado al margen de la ley, no solo es considerado en Colombia como una víctima de la violencia política, sino que su reclutamiento constituye para el mundo un delito de guerra. Uno de esos delitos atroces que no debería quedarse atrás de ninguna agenda de paz.

La historia de Colombia está tristemente circunscrita a la participación de personas menores de edad en la guerra. El famoso Puente de Boyacá nos recuerda al niño Pedro Pascasio Martínez, el héroe que capturó al Coronel José María Barreiro y quien no se dejó sobornar por unas monedas de oro que éste le ofreciera a cambio de dejarlo huir. Pedro murió en la pobreza. De su honestidad, no se heredó mucho, pero sí de su lamentable participación en la guerra.

Así como Pedro, miles de niños son reclutados por los diferentes grupos armados. Los hacen presos de la guerra y se cometen en su contra todo tipo de delitos, como por ejemplo, la privación de la libertad, porque ellos no tienen la autonomía de regresar con su familia. Cuando huyen son perseguidos y asesinados. Pierden su derecho a la educación, pues la única escuela a la que asisten es un campo de entrenamiento; también pierden el derecho a la salud y a la recreación, a una vida al lado de su familia y a crecer con amor y protegidos de la violencia.

Por ello, cuando se habla de paz, no entiendo por qué la primera gran discusión no se hace alrededor de treguas unilaterales por la niñez. No entiendo cómo la comunidad internacional no pone en la mesa como primer punto de discusión los derechos de los 11 mil, 15 mil ó 18 mil, niños en la guerra. ¿Será que eso de que 191 países hayan suscrito y ratificado la Convención sobre los derechos del Niño aún no cobra sentido real para las naciones?  No sé si somos olvidadizos o hipócritas.

Supongamos que los grupos armados tienen intenciones reales y que respetando el Derecho Internacional Humanitario, y mostrando un primer gesto de decencia, deciden liberar a los  niños y a las niñas. Una tregua por la niñez involucraría a todo el país porque los colombianos deberíamos estar preparados para recibir a estas personas que han sufrido en cadena la vulneración de todos sus derechos y que necesitan ser tratados como víctimas. Pero más allá, como héroes que han sobrevivido a las peores atrocidades que un ser humano pueda imaginar. Así que pensemos si los colombianos estamos preparados para la paz.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar atiende a más de 40 mil niños y niñas en diferentes modalidades. Tendríamos que reforzar su capacidad para poder recibir y acoger a más de 10 mil personas.

Educación y salud. Obviamente estas personas no asistieron a la escuela y deben nivelar sus conocimientos por lo que requieren de una educación diferenciada por edad y conocimientos. No es de extrañar que tampoco hayan ido a controles de crecimiento, de desarrollo, que no tengan el esquema de vacunación completo y que su nutrición no sea óptima. De modo que, esas carteras deberán poner en marcha grandiosos planes para esta población que merece todo nuestro cuidado.

La familia. ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a apoyar el cuidado de estos niños y niñas abriendo las puertas de nuestros hogares y a través del ICBF convertirnos en una familia tutora que les dé amor y acompañamiento? Porque no es tan sencillo recibirlos desde los campos de batalla y enviarlos de vuelta a casa, en muchos casos las amenazas en el sector o a la misma familia del niño o niña no le permiten retornar por falta de garantías sobre su vida y la de sus seres queridos.

La empresa. Y ¿después? debemos garantizar que cuando culminen sus procesos educativos, de salud física y mental, y cuando se reencuentren con su familia, también tengan la posibilidad de continuar con sus estudios y de trabajar. Hemos escuchado que un determinado atentado fue cometido por personas antes vinculadas con grupos armados, y nuestra reacción casi siempre los culpa directamente. Pero, ¿A cuántos de ellos les dieron una preparación para el trabajo y un trabajo decente que les permitiera el sustento digno de sí mismos y de sus familias?

Si queremos la paz, todos tenemos que hacer una tregua. Y la más importante, es la tregua por la niñez. Por la niñez reclutada, por la niñez desplazada, por la niñez sin padres, y por la niñez sin sueños. Solo así, el monumento a Pedro Pascasio, que reposa en las cercanías del Puente de Boyacá, pasará a representar a los miles de niños que honestamente quieren perseguir sueños en vez de oficiales.

Foto: Fundación Plan

Foto: Fundación Plan

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