Reportajes — 10 febrero 2015

12 de febrero, Día internacional contra el reclutamiento y la utilización de niños, niñas y adolescentes por parte de los grupos armado ilegales.

Este reportaje fue posible gracias a los aportes de Free Press Unlimited, War Child Holland, USAID, OIM y Aldeas Infantiles SOS. Su contenido es responsabilidad de la Agencia PANDI y no necesariamente refleja las opiniones de estas organizaciones.

Que la lucha sea por la niñez

En este reportaje quiero llamarme Águila porque es un animal con el que me identifico. El Águila, cuando está grande se va a una montaña muy lejana y allí cambia todas sus plumas y se quita las garras y vuelve a nacer. Y así me siento yo. Solo necesitaba una oportunidad para tener una nueva vida en la sociedad .

• “Esta es una realidad que convoca a toda la sociedad en la construcción de esa Colombia que queremos para nuestros niños y nuestras niñas, porque tienen derecho a vivir en paz y porque Soñar con la Paz es un Derecho”. Juan Manuel Luna, Coordinador del Programa Migración y Niñez de la OIM.
• El 78% de los niños y de las niñas que han estado vinculados a grupos al margen de la ley, aseguraron haber enfrentado situaciones en las cuales sintieron que podrían perder la vida .
• Más del 70% de las niñas que han estado vinculadas a grupos al margen de la ley, iniciaron su vida sexual antes de los 14 años . Esto implica que fueron víctimas de abuso sexual en los grupos armados o en sus familias.

“Nunca volvería a la violencia porque todos mis Sueños quedaron truncados. Ahora solo quiero ayudar para que a nadie más le pase, si yo hubiera tenido una sola oportunidad no hubiera tenido que vivir tantos horrores y tanto dolor que aún cargo”. ‘Águila’.

Bogotá D.C. febrero 2015. En un ambiente que camina hacia la paz, este jueves 12 de febrero se conmemora el Día internacional contra el reclutamiento y la utilización de niños, niñas y adolescentes. Colombia como el único país de América que enfrenta este delito, debe analizar no solo el fenómeno sino las causas del mismo y las responsabilidades de las familias, el Estado y la sociedad, entendida como escuela, empresas, comunidad, en la inclusión social y participación de estos niños, niñas y adolescentes que se han desvinculado, para la construcción del país que tenemos Derecho a Soñar.

Según la Unidad para la Atención y Reparación de las Víctimas, hasta el 01 de noviembre de 2014, se han registrado 7.722 niños, niñas y adolescentes víctimas reclutamiento por parte de grupos armados ilegales. Por su parte, la Defensoría del Pueblo resalta que, cada mes, 10 menores de edad son víctimas de este delito. Y aunque son reportes oficiales, en la realidad no es factible precisar el número de menores reclutados, ya que aún hay un sub-registro de esta problemática debido a causas como: estar en zonas apartadas, temor a denunciar y desconocimiento sobre los procesos de reintegración. Lo cierto es que más de 5.600 niños y niñas han sido recuperados y atendidos por el Programa de Atención Especializada del Instituto Colombiano de Bienestar Familia (ICBF).

Pero hoy, más allá de querer hacer un recuento de niños y niñas, y de sus vulneraciones, se quiere llamar la atención sobre los entornos de protección de la niñez que deben ser fortalecidos, para evitar que este grupo de la población vea la violencia como una opción de vida.

Sin embargo, el reclutamiento se relaciona también con la presencia de grupos armados al margen de la ley que controlan incluso el ingreso de alimentos y de agua, y donde el hecho de que sean vinculados a la guerra se relaciona con la supervivencia, pues se encuentra la vida de toda la familia en riesgo.

Es necesario firmar la PAZ en familia

“La familia debe ser el entorno donde los niños, las niñas y los adolescentes se sienten protegidos, reconocidos y valorados, donde desarrollan su personalidad, donde aprenden a relacionarse. Si la familia es ese entorno los niños y las niñas van a poder tomar decisiones con más tranquilidad teniendo en cuenta el ambiente en el que están”, resalta Ángela Rosales, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS.

La directora de esta organización, plantea promover la democracia familiar, como una forma en la que los niños, las niñas y los adolescentes tienen participación, son reconocidos, ayudan a construir las normas de convivencia, que además contribuyen a su propia formación y cumplimiento de responsabilidades, promocionando que sus derechos sean cumplidos y respetados, y sus posibilidades de desarrollo sean apoyadas, todo esto atravesado con un componente muy importante: el amor. Si esto se logra, se establecen redes de protección que previenen que situaciones como estas sigan sucediendo.

El núcleo de la sociedad tiene serias averías y se ha convertido para muchos en el espacio de la violencia. Por ello, una de las primeras firmas de la paz debe darse en la mesa del comedor.

Según el más reciente ‘Estudio de caracterización de los niños, niñas y adolescentes desvinculados de grupos armados al margen de la ley y bandas criminales entre 2007 y 2013 en Colombia’ , los menores de edad describen el entorno familiar donde vivían antes de ser reclutados, como un espacio en el que se dan diferentes tipos de violencia y abandono, y en los cuales el maltrato es el patrón normal de crianza. El 35,8% de ellos, ha presentado situaciones de abandono, negligencia, maltrato físico y/o psicológico. Los entrevistados afirman que estas situaciones impulsaron su salida hacia los grupos armados ilegales.

Más del 70% de los niños y de las niñas reclutados dicen haber iniciado su vida sexual antes de los 14 años, lo que está tipificado como abuso ya que en el Artículo 208 del Código Penal, se establece que “El que acceda carnalmente a persona menor de catorce (14) años, incurrirá en prisión de doce (12) a veinte (20) años”. Según el Estudio, si la edad promedio de vinculación está en los 13,8 años, quiere decir que la mayoría de la veces, esta iniciación violenta sucedió posiblemente, en su entorno social y familiar, lo que tal vez podría ser un detonante para su vinculación.

“En mi casa había pobreza, a veces se comía a veces no. Éramos 11 hermanos y mi papá me quería mucho… Pero voy a contarle por qué me vincule (Águila pide una pausa para retomar fuerzas). Mi tío por parte de mi mamá abusaba de mí desde los 9 años. Mi mamá no me creía y después me decía que yo era la culpable. No le conté a mi papá porque me daba miedo de que mi tío lo matara. Y como a los 12 yo me fui para buscar venganza”.
– ‘Aguila’

Pero este no es solo el panorama de los que terminaron en un grupo ilegal. Cada año el Instituto Nacional de la Medicina Legal registra más de 17.000 casos de violencia sexual en los que la víctima fue un menor de edad. El 80% ocurre en el entorno familiar. Por maltrato intrafamiliar a niños y niñas se registran anualmente más de 10.000 casos.

“Brindar amor, compartir con los niños y las niñas, jugar con ellos, comprenderlos, ser un buen ejemplo a seguir, dar respeto y garantizar cada uno de los derechos de la niñez, de la manera más adecuada, son responsabilidades de quienes hacen parte del núcleo familiar de cada niño para que cuente con las herramientas necesarias para su formación”, afirma Ángela Rosales, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS.

Los primeros ejercicios de diálogo y de resolución de conflictos se dan y aprenden en el modelo familiar, y si tenemos familias que resuelven los problemas con castigos físicos, psicológicos y humillantes, el niño o la niña está aprendiendo ese comportamiento que replicará en la escuela, en el parque y con sus propios hermanos.

De darse un entorno familiar conflictivo, como el que los niños y las niñas que han sido reclutados por los grupos armados ilegales, referenciaron haber vivido, este pilar en la vida de la niñez, puede pasar a convertirse en un factor expulsor que facilite la vinculación de los menores de edad a grupos ilegales, pero también a pandillas, a espacios que fomentan el consumo de sustancias psicoactivas, a la vida en calle, entre otros. Ya que las dificultades en el ámbito familiar, representan una de las causas de la salida de los menores de edad hacia espacios poco seguros y sin garantía de derechos.

La PAZ también se firma en los salones de clase

El espacio escolar tampoco registra ser el ámbito en el que pudieron desarrollarse plenamente. Los niños, las niñas y los adolescentes desvinculados entrevistados en el Estudio de caracterización mencionado anteriormente, manifiestan que el principal motivo para abandonar la escuela fue el ingreso a los grupos al margen de la ley. Así mismo, refieren causas como que no les gustaba estudiar o se vieron obligados a trabajar para obtener ingresos económicos, entre otros. Es decir, la escuela no ejerce un papel de motivación para la permanencia de los menores de edad en este entorno.

“En la escuela éramos muchos chinos, quedaba como ahora y media de la finca y todos éramos pobres, yo estudiaba con los cuadernos que dejaba mi hermana porque iba un año más adelante. Y lo que recuerdo es que solo tenía un profesor y me dio una paliza”, relata Águila.

Según el mismo estudio el 72,8% de los menores de edad atendidos por el ICBF, había cursado o estaba matriculado entre primero y quinto grado de básica primaria. Las cifras indican que menos del 1% culminó el proceso educativo. El último grado de primaria se ve como un momento decisivo: o continúa con el proceso escolar o da un paso hacia la vinculación a grupos al margen de la ley.

Aseguró haber cursado hasta primer grado (7,5%), segundo (7,9%), tercero (12,9%), cuarto (13,3%) y quinto (25%). En cuanto a los niveles de educación básica secundaria, cursó hasta sexto (16,6%) séptimo (5,4%), octavo (3,7%), noveno (5,4%), décimo (0,4%) y undécimo (0,8%) .

“Para que haya una verdadera paz, el proceso de reintegración tiene que ayudarnos individualmente. Yo estudié hasta 4 de primaria. Necesitamos maestros especialmente formados para nosotros porque salimos sin saber casi nada. Y sin educación… imagínese, qué vamos a hacer”, afirma ‘Águila’.

“La inclusión social, para que culmine con reconciliación debe asumir el reto de formar a todos esos adolescentes que dejaron la escuela y que sin educación de calidad y pertinencia no tendrían una clara oportunidad competitiva ni acceso a un trabajo decente, que le dé un giro positivo al proyecto de vida que quieran Soñar”, resalta Ximena Norato, directora de la Agencia PANDI.

Pero no hay paz sin que la diversidad sea incluida. Solo el 11,3% de los indígenas acceden a la secundaria y el 8,1% a la educación media. Del análisis a la situación de los menores de edad que han estado vinculados a grupos al margen de la ley, podría también inferirse esa relación entre la deserción escolar y la vinculación a los grupos armados al margen de la ley, así: la población indígena es el 3% de todos los colombianos (y son los menos educados), y sus niñas y niños son el 14% de las víctimas del reclutamiento.

Las investigaciones sobre la situación de la niñez en Colombia, indican que la temprana deserción implica un reto para la paz. Según cifras a diciembre de 2013, del Ministerio de Educación Nacional (MEN), la cobertura educativa en el grado cero es del 59%, en la primaria es del 85%, en la secundaria del 72% (6º a 9º) y en la educación media del 39%. Estas cifras, evidencian que el panorama de cobertura escolar es más escaso para los niños que se encuentran en la primera infancia y en la adolescencia.

Las estadísticas nacionales son claras en mostrar un temprano abandono de las aulas, y a la escuela como un entorno débil para mantener a los niños, niñas y adolescentes motivados. La educación colombiana debe ser adaptada a nuestras realidades múltiples: niños extra-edad, enfoques pertinentes, etno-educación, maestros bien formados con salarios justos y a tiempo, podrían coadyuvar a incrementar la permanencia y con ellas las oportunidades de desarrollo, de educación superior, de acceso a un trabajo formal y por ende al Sueño de vivir en un país equitativo y en paz.

¿Cuál es nuestra oferta de reconciliación?

Ya se ha visto como los entornos adversos en los que millones de niños y niñas de Colombia crecen, pueden terminar en la aceptación de una “oferta” de guerra, como única oportunidad. Ahora bien, desde un análisis de PANDI se pregunta, ¿cuál es la contra-oferta de estas sociedad que Sueñan con la Paz? ¿Cuál es el compromiso que cada persona en su calidad de empresario, maestro, periodista, madreo o padre, asume? ¿Cuántos se comprometerían para lograr la Paz?

Frente a este panorama, se hace un llamado a analizar si cada uno de los entornos en los que convivirán los niños y las niñas que salgan de los grupos armados ilegales, están preparados para vivir este proceso y sobre todo para recibirlos, para darles la bienvenida y ofrecerles oportunidades reales.

“Es necesario entender que un niño que ha sido obligado a vivir en un ambiente de guerra, que sus años de desarrollo fueron afectados negativamente por estar vinculado a una situación de violencia, empuñando un arma, necesita ayuda para superar ese contexto que no eligió. La familia debe reconocer esa dificultad en la que está ese niño o esa niña, para ayudarle a recuperar su infancia, a superar la situación de violencia en la que estuvo y para poder participar normalmente como cualquier ciudadano de la sociedad”, resalta Rosales.

“El hecho de que se establezca el fin de este conflicto no implica que no existan otros riesgos, los estudios internacionales y los análisis de los procesos en otros países, muestran que se debe ser cuidadoso frente a la emergencia de otros actores armados y nuevos riesgos por lo que no se puede bajar la guardia”, explica Juan Manuel Luna, Coordinador del Programa Migración y Niñez de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Retos en la construcción de una PAZ duradera y sostenible

Si se suscribiera un acuerdo de Paz para la terminación del conflicto, Colombia como Estado, sociedad y conjunto de familias tiene en sus manos el camino que tomarán los procesos de reintegración e inclusión social. Es necesario re evaluar la manera en que serán recibidos y acogidos en condiciones de dignidad, reconciliación y perdón, para lograr un proceso exitoso.

Desde la escuela: Como se ha visto, los adolescentes necesitan programas de formación diferentes a los ofrecidos por el sistema educativo, pues están en extra-edad y abandonaron las aulas, en algunos casos, varios años atrás. Por lo tanto, el MEN y las Secretarías de Educación deben diseñar programas de calidad y con pertinencia, además de contar con excelentes y motivados maestros.

Desde la universidad: Estos niños y niñas tienen sueños y la oferta educativa que se les plantea, no siempre les ayuda a alcanzar su meta, ellas y ellos, tiene derecho a Soñar con ser periodistas, doctoras, ingenieros o abogados. Se debe analizar la posibilidad de contar con becas integrales en las universidades públicas y privadas. Esto implica una manutención: libros, ropa y comida que les permita desarrollar todas las actividades como cualquier otro estudiante.

Desde la empresa: La generación de empleos formales y bien remunerados permitirá que estas personas puedan volver a Soñar con un proyecto de vida en el que exista para ellos y para sus familias seguridad alimenticia, educativa y sobre todo, un entorno garante de derechos.

Desde la recreación: La posibilidad de dedicar el tiempo libre en actividades deportivas y culturales, que les permitan, además de reconocer sus habilidades en estas áreas, conocer y compartir en espacios sanos de recreación, es una oportunidad para Soñar con un presente lleno de opciones y oportunidades.

“Se trata de crear esas condiciones para que los niños y las niñas que regresan como ciudadanos, también se comprometan a participar en el desarrollo del país. Todos debemos actuar con solidaridad y con afecto, preocupándonos por la niñez y por su bienestar. La familia, el Estado y la sociedad deben resolver los problemas de la niñez ahora y aportar a construir un país en paz”, afirma Juan Manuel Luna.

“Los empresarios podrían darnos libros, becas, un computador. Y prepáranos para el mundo laboral. Por ejemplo que nos ayuden a tener una cooperativa. Ellos son empresarios y saben cómo tener éxito. A mí me dieron un curso de ‘gallinas’ y luego nos montaron un galpón y se nos murieron, no supimos cómo hacer ese emprendimiento,” comenta ‘Águila.

‘Águila’ también considera que una manera de construir la paz, “Sería con un compromiso de las empresas, que hicieran capacitación para un trabajo que necesiten dentro de la misma empresa, porque así, sabríamos hacer bien las cosas. Nosotras necesitamos capacitación y educación, para poder salir adelante. Mejor dicho, lo que más necesitamos en una oportunidad”.

“En Colombia se ha legitimado la violencia como una manera natural de resolver los conflictos, en tal sentido, el reto es generar una cultura de paz a través de prácticas cotidianas como el respeto a la vida, la resolución de conflictos, la no discriminación y el asumir a los niños y a las niñas como sujetos de derecho, en ese momento se romperá el ciclo de violencia contra ellos”, resalta Gloria Camilo, Gerente de Programas de War Child.

Más panorama en cifras

Desde 1999 a 31 de diciembre de 2014, 5.694 niños niñas y adolescentes desvinculados de los grupos armados ilegales han sido atendidos por el Programa de Atención Especializado del ICBF y, a pesar de que la gran mayoría, 2.125 tenían 17 años en el momento de ingresar a este Programa, fueron reclutados desde edades muy tempranas. La edad promedio de reclutamiento se sitúa en los 13.9 años, pero dentro de los niños y niñas recuperados desde esa fecha, 3 tenían 9 años, 6 tenían 10 años y 14 tenían 11 años.

Según los testimonios de los niños y de las niñas que han sido recuperados, los departamentos de Antioquia (11,5%), Caquetá (10,3%), Cauca (10,1%) y Meta (9,5%) fueron los lugares de mayor reclutamiento. En estos cuatro departamentos se reclutó el 41,4%, de quienes fueron atendidos por el Programa de Atención del ICBF.

Otro dato revelado por el ICBF es que el 90,1% de los niños, las niñas y los adolescentes atendidos por el Programa hicieron una entrega voluntaria, es decir que se escaparon porque no querían permanecer en los grupos.

Mayor información:

Vanessa Acevedo
Periodista
Agencia PANDI
Cel: 3043945164
periodista@agenciapandi.org
www.agenciapandi.org

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