Reportajes — 12 febrero 2013

 

Niñas y niños colombianos son explotados en su propio país

TRATA DE PERSONAS SE ENSAÑA CONTRA LOS MENORES DE EDAD

  • ·        Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el número de niños, niñas y adolescentes víctimas de la trata de personas creció en un 27% a nivel global.
  • ·        Factores como la violencia intrafamiliar y la indiferencia de padres y madres allanan el camino de los victimarios.
  • ·        Mientras en el mundo los casos atendidos en la OIM por trata externa disminuyeron en un 13%, los de trata interna aumentaron en un 140%.

Bogotá D.C., 13 de junio de 2012. Las redes de trata de personas han intensificado sus movimientos contra los niños, las niñas y los adolescentes. Así lo establece un reciente informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), al revelar que en el año 2011 las misiones de la Organización en 91 países atendieron un total de 2.040 víctimas menores de 18 años. La cifra supera en un 27% la observada en 2008, cuando se registraron 1.565 casos de este delito en el mismo rango de edad.

Según el informe de la OIM, el cual refleja la dinámica mundial de este delito, el incremento del número de víctimas con menos de 18 años es 14 puntos mayor que el de aquellas que ya cumplieron la mayoría de edad. En efecto, el número de adultos atendidos por esta causa a nivel global se incrementó en un 13% al pasar de 3.012 a 4.404 en el mismo período.

En Colombia, de acuerdo con el reporte del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), entre marzo de 2011 y marzo de 2012 la entidad recibió 51 denuncias de niños, niñas y adolescentes víctimas de trata de personas, todos reclutados dentro del territorio nacional y todos con fines de explotación sexual.

“Los casos reportados han sido por presuntos traslados de niñas y adolescentes al interior del país y la principal causa es el contacto a través de redes sociales para trabajar ejerciendo la prostitución”, precisó el ICBF en respuesta a la Agencia de Comunicaciones PANDI. “Algunos de los casos fueron reportados a través de la Línea de Prevención contra la Trata de Personas para adelantar las acciones de verificación de derechos”, agregó.

Sin dimensiones precisas

Factores como la falta de sistemas de información rigurosos e interinstitucionales y los complejos modos de operación de la trata de personas impiden establecer con exactitud las dimensiones de este delito, uno de los más lucrativos del mundo. Los datos disponibles se limitan a las cifras de las entidades que atienden a las pocas víctimas que reportan su situación y a las vagas estimaciones que las autoridades logran hacer a partir de ello.

Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, en el mundo se han identificado más de 40.000 víctimas de trata, aproximadamente 1,8 personas afectadas por cada 1.000 habitantes. Mientras tanto, en Colombia, la Organización de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC) indica que entre 2003 y 2007 se investigaron 543 casos de víctimas de todas las edades, unos 100 casos por año.

Pero quizás el registro verificable más actualizado de la problemática en el país es el que terminaron a finales de 2011 la misión de la OIM en Colombia y la Universidad de los Andes. Cotejando los datos de la Fiscalía General de la Nación y del Comité Operativo Anti-Trata (COAT), el documento concluyó que entre 2005 y 2007 se denunciaron 207 casos de trata de personas en todo el país, una cifra que, a juicio de los propios investigadores, está lejos de reflejar la magnitud real de la problemática.

“Hay información como los testimonios de las víctimas que muestra cómo el problema es mucho mayor”, advierte Carolina López Laverde, coordinadora del Programa Integral contra la Trata de Personas, de la OIM en Colombia. “Cuando tú tienes una víctima que retorna al país o que es recuperada, ya sea víctima de trata interna o externa, ella misma te dice que en el lugar donde estaba había otras 10, 15, 20 y hasta 50 víctimas colombianas; eso nos dice, entre otras cosas, que el problema es mucho mayor de lo que está registrado en las cifras oficiales”.

De las familias y otros cómplices

Las organizaciones que lidian con la trata de personas coinciden en identificar que Internet es uno de los canales más amplios para el contacto y reclutamiento de las víctimas. No en vano, los medios de comunicación registran con cierta frecuencia la desaparición de adolescentes y jóvenes cuyos familiares sospechan de sus contactos previos a través de las redes sociales, las aplicaciones de conversación instantánea y otros mecanismos de la Red.

“Últimamente se está utilizando mucho Internet como medio para contactar a los menores de edad”, confirma Óscar Gómez Díez, director de la Fundación Esperanza, entidad que trabaja por los derechos humanos en contextos migratorios. “Se hace a través de las redes sociales, donde los citan a reuniones, les hacen ofertas afectivas o lúdicas y, en ocasiones, ciertas ofertas laborales”.

La facilidad de la comunicación a través de Internet ha servido para allanar otro escenario de la trata de personas que se configura en reconocidos lugares públicos, en desarrollo de actividades que a primera vista transcurren en la completa legalidad. Tal es el caso de los encuentros juveniles que son citados por las redes sociales en un parque o en las inmediaciones de un concurrido centro comercial y que aparentemente no tienen nada de irregular.

“Viene un explotador sexual de Inglaterra y a través de Internet concreta una cita en Bogotá con un adolescente que vive en Armenia”, ejemplifica Luz Stella Cárdenas, directora de la Fundación Renacer, organización que atiende víctimas de la trata de personas, especialmente con fines de explotación sexual. “A través de los contactos del mismo grupo, el muchacho busca quién le facilite el viaje y llega a la cita. Aparentemente ahí no hay ningún delito y por eso detectar estos casos requiere un trabajo de investigación mucho más fuerte”.

Y aquí las familias juegan un papel determinante. Para quienes siguen de cerca los recorridos de la trata de personas, es claro que muchos menores de edad caen en las redes obligados por la desesperación que les genera vivir en medio del maltrato, la violencia intrafamiliar o la falta de un espacio para expresar sus sentimientos y sentirse comprendidos. “Hay menores de edad que huyen de la casa por maltrato o por cualquier dificultad que tengan con su familia y en el camino para sobrevivir se vuelven mucho más frágiles a que los exploten”, apunta Diana Cano, investigadora de la Fundación Esperanza.

En otros casos, las autoridades se encuentran con niños y niñas que no viven en contextos de violencia intrafamiliar aparente, pero sí pasan sus días en la soledad que reina en las dinámicas familiares de hoy o en la compañía intermitente, a veces indiferente, de padres o cuidadores que no conocen a sus hijos ni conciben espacios para el acompañamiento.

“Los colombianos tenemos que darnos cuenta de las familias que tenemos”, enfatiza Luz Stella Cárdenas. “Aquí los niños se pierden en las ciudades y pasan ocho días antes de que los padres llamen para decir que su hijo no aparece y que están muy preocupados… Tú ves a una niña con uniforme de colegio en la calle y cuando le preguntas por qué está sola, te dice que tiene permiso de los papás hasta las siete o las ocho de la noche”.

En un fenómeno aún más grave, las autoridades registran casos en que papá y mamá forman parte de la red de trata. “La gran mayoría de los menores de edad que salen de Colombia tienen sus permisos familiares en orden”, expone Cárdenas. “Muchos de los papás de nuestros niños y niñas son muy jóvenes y tal vez esto hace que ni siquiera se sientan responsables de sus hijos… Hay unos que tardan hasta dos años en darse cuenta de que están siendo explotados”.

¿Para qué los reclutan?

Según el reporte de la OIM, el número de víctimas de trata de personas con fines de explotación laboral atendidas en 2011 a nivel global aumentó en un 43% (2.031 en 2008 frente a 2.906 en 2011) para todas las edades. Entre tanto, los casos relacionados con la explotación sexual descendieron en un 19% (1.866 en 2008 frente a 1.507 en 2011).

En Colombia, tal como lo estima la Fundación Esperanza, la explotación sexual sigue siendo la finalidad de la trata de personas que más niños, niñas y adolescentes involucra. No obstante, las edades de las víctimas dependen de la intención de los reclutadores, lo cual significa que la vulnerabilidad de los pequeños empieza desde que nacen.

“La edad está en función del ‘valor de uso’ que intente darle el traficante”, asegura el director de la mencionada Fundación. “Pueden ser desde recién nacidos, cuando se los roban en los hospitales y se hace con ellos un proceso de adopción irregular, hasta adolescentes que son involucrados con la explotación sexual o la pornografía infantil. También hay casos en medio del conflicto armado y la explotación laboral, sobre todo en la mendicidad”.

Trata interna aumentó el 140%

Una de las más reveladoras conclusiones del informe de la OIM, y quizá la que más preocupaciones despierta entre las fuentes de información consultadas, es el aumento de la trata de personas en la modalidad de trata interna a nivel global. Según el mismo documento, mientras los casos atendidos por trata internacional o externa disminuyeron en un 13%, los relacionados con la trata interna aumentaron en un 140%, al pasar de 713 en 2008 a 1.708 en 2011.

Para Carolina López, la trata interna, poco visibilizada y reconocida en Colombia, es un fenómeno que expone aún más a los menores de edad. “Si uno mira las cifras de trata externa, encuentra que la mayoría de las víctimas son mayores de 18 años, porque es más fácil sacar del país y trasladar a un mayor de edad; pero la trata interna, particularmente temas como la explotación sexual y la explotación laboral, afectan de igual manera a personas menores de 18 años”.

López Laverde advierte que en países como Colombia el fenómeno de la trata interna requiere más atención de la que actualmente tiene. “Esto no se está mirando lo suficiente y es un problema que está creciendo”, explica. “Hablamos por ejemplo de las mujeres que son captadas en Antioquia y llevadas a Putumayo para ser explotadas sexualmente, muchas veces por grupos armados ilegales, o de los hombres que son reclutados para ser explotados en contextos mineros”.

Departamentos como Antioquia, Risaralda, Quindío, Caldas, Valle del Cauca y Cundinamarca aparecen entre las principales regiones de origen de las víctimas de la trata interna. Mientras tanto, ciudades como Cartagena y Bogotá hacen parte de los principales destinos. Objetivos distintos a la explotación sexual hacen parte de las condiciones menos visibles de la problemática.

“Tenemos que empezar a mirar el tema interno en otros contextos”, dice López. “El servicio doméstico, por ejemplo, es un tema muy recurrente pero muy delicado, porque se cruza con lo cultural y con el aval histórico de muchos contextos sociales”.

En el caso de los menores de edad, la permisividad de los padres parece haber ampliado el radio de acción de quienes ejercen la trata interna. “El hecho de que los niños vayan de una ciudad a otra con sus amigos teniendo la permisividad de sus padres es mucho más común de lo que uno piensa”, enfatiza Luz Stella Cárdenas de la Fundación Renacer. “La tranquilidad de ellos es impresionante y cuando uno los llama para avisarles que su hijo o hija fue víctima de la explotación sexual, ni siquiera pueden creerlo”.

El circuito internacional

Diversas iniciativas han apuntado a buscar estrategias transnacionales contra la trata de personas. Sin embargo, según la OIM, no es fácil coordinar este tipo de iniciativas, entre otras cosas porque las legislaciones no están homologadas. Carolina López explica que “por ejemplo, mientras Colombia reconoce la trata en contextos como el de la explotación laboral, Panamá solo reconoce la trata con fines de explotación sexual y otros países como Trinidad & Tobago, país en el que hay colombianas víctimas de trata de personas, ni siquiera tiene una legislación en el tema”.

A pesar de las dificultades normativas, la OIM ha impulsado desde Colombia encuentros con Chile, Ecuador, Trinidad y Tobago, Panamá, Honduras y otros países elegidos porque son destinos de víctimas colombianas y porque además han mostrado desde sus cancillerías algún interés en la experiencia nacional. Estos intercambios han permitido activar distintas formas de cooperación. “Hace poco tuvimos el caso de unas mujeres colombianas que eran víctimas de trata de personas en Guatemala y, gracias a un intercambio de información entre los países, ellas fueron rescatadas en dos días”, explica la vocera de la OIM.

Qué los hace vulnerables

Iniciativas como el Programa Integral contra la Trata de Personas de la OIM, le apuestan a mitigar los factores de vulnerabilidad de tipo estructural que aumentan el riesgo de las potenciales víctimas frente a este delito y favorecen la actividad de las redes de trata de personas.

Sin duda, uno de los que tiene mayor incidencia es la falta de oportunidades de cientos de familias que ante la carencia de recursos terminan por aceptar las peligrosas ofertas de los reclutadores. “En los últimos estudios que hemos desarrollado vemos que hay clarísima incidencia del tema económico, ligado a la falta de acceso a servicios institucionales como la salud, la educación y las oportunidades para acceder al trabajo”, explica Carolina López, de la OIM.

Pero López coincide con otras fuentes de información en que la pobreza no es el único determinante en la trata de personas. Condiciones sociales que históricamente han llevado a las comunidades a tolerar mecanismos para sobrevivir en la llamada “cultura del dinero fácil” y a creer que un pretendiente con pasaporte extranjero o un ofrecimiento laboral fuera del país son indefectiblemente sinónimos de una vida mejor, también han contribuido a mantener el negocio de los reclutadores.

“Entre las víctimas tenemos, por ejemplo, mujeres cabeza de familia entre los 19 y los 26 años que pertenecen a contextos vulnerables y no solamente son responsables de sus hijos sino también de la mamá o de otro pariente de su familia extendida, y si a eso le sumas los imaginarios sobre la migración o los contextos de narcotráfico, la vulnerabilidad aumenta”, explica la misma vocera.

Impunidad vigente

El Estado colombiano ha desarrollado y acogido diversas herramientas normativas para luchar contra la trata de personas. Una de ellas es la Ley 985 de 2005, según la cual “el que capte, traslade, acoja o reciba a una persona, dentro del territorio nacional o hacia el exterior, con fines de explotación, incurrirá en prisión de trece (13) a veintitrés (23) años y una multa de ochocientos (800) a mil quinientos (1.500) salarios mínimos legales mensuales vigentes”.

Pero aún con la ley vigente, el sistema judicial registra muy pocas condenas por trata de personas y la impunidad le sigue cubriendo la espalda a los explotadores. “Un estudio que realizó la Universidad del Rosario junto con Naciones Unidas encontró 19 casos investigados en casi 20 años, de los cuales siete fueron casos de trata de menores de edad”, advierte Óscar Gómez, director de la Fundación Esperanza. “En este periodo solo hubo 11 casos condenatorios en general”.

Una de las explicaciones podría estar en el desconocimiento que hasta hace muy poco tiempo tenían las instituciones, autoridades y operadores del sistema judicial frente al tema. “Lo que encontrábamos al comienzo era que ellos no sabían qué era la trata de personas y cuando se les contaba, ellos mismos reconocían que habían resuelto casos como si se tratara de explotación sexual o inducción a la prostitución, cuando en realidad era un caso de trata”.

El panorama lleva a Óscar Gómez a advertir que el país está en mora de articular los esfuerzos en un frente común contra la trata de personas y logre judicializar a quienes se lucran de ella. “Si bien es cierto que hay instrumentos, no hay unos mecanismos que articulen todo lo hecho en una sola estrategia nacional”, concluye el director de la Fundación Esperanza.

Fuentes de información:

JORGE ANDRÉS GALLO

Unidad de prensa e información pública OIM – Misión Colombia

Tel: (57-1) 6397777 Ext. 1219

E-mail: jgallo@iom.int

 

ISABEL QUIROGA GÓMEZ

Instituto Colombiano de Bienestar Familiar

Celular: (57) 3174272222 Tel: (57-1) 4377630

E-mail: Isabel.quiroga@icbf.gov.co

 

ÓSCAR GÓMEZ DÍEZ

Director de la Fundación Esperanza

Tel: (57-1) 4823737 Ext. 114

E-mail: oscargomez@fundacionesperanza.org

 

HUMBERTO RODRÍGUEZ MERCADO

Oficina de Comunicaciones Fundación Renacer

Celular: (57) 3017883899

E-mail: hjrodriguez@hotmail.com

Más información:

ALEXANDRA FARFÁN JIMÉNEZ

Periodista Jefe Agencia de Comunicaciones PANDI

Celular: (57) 3103018159

Tel: (57-1) 6143489

E-mail: alexandrafarfan@agenciapandi.org

Share

About Author

admin

(0) Readers Comments

Comments are closed.